Día 4: Examen
Hay muchísimas cosas de las que podría quejarme en este momento. Escribir una bonita reflexión acerca de los problemas de ansiedad que me crearon las altas exigencias a las que estuve sometido desde pequeño, mismas que casi siempre se veían reflejadas en la calificación de un examen, no hacen más que traer a mi mente recuerdos dolorosos. Tengo la certeza de que a varios de los estudiantes con los que me ha tocado trabajar compartirán mi sentir y odiarán los exámenes tanto como yo llegué a hacerlo.
Claro, todo esto funciona suponiendo que por examen nos estamos refiriendo al típico montón de preguntas varias contenidas en una hoja de papel en las que se comprueba si fuiste capaz de memorizar conceptos y definiciones. El método de evaluación por excelencia, pues. Si es así, creo que puedo irme con la tranquilidad de saber que he (intentado) cambiar un poco esa dinámica en las ocasiones que no me queda otra alternativa para evaluar un contenido que requiere saber definir conceptos o memorizar algún procedimiento.
El semestre pasado tuve un grupo de Arte Contemporáneo bastante problemático. Como "buenos" artistas, las reglas y formas convencionales de trabajar no son algo que sepan manejar. Y uno, tan arraigado a la auto impuesta rigurosidad del diseño y siempre sufriendo para argumentar y sustentar decisiones... Claro, las cosas no funcionaron del todo bien. Y podrían haber sido menos tormentosas, si no hubiera tenido la complicada tarea de impartir una de las asignaturas mas tediosas de su plan de estudios: temas de semiótica. Hice todo lo que estuvo en mi para hacer digerible el contenido de la asignatura, pero uno es humano y tiene sus limitantes. Sumado a la poca disposición del grupo a trabajar con alguna pizca de orden, terminó por crear un ambiente de trabajo denso ¡Casi lloro cuando vi la evaluación docente!
Todo esto viene a cuento porque recuerdo mucho quebrarme la cabeza para decidir cual sería la forma menos problemática de armar los exámenes en los que debía evaluar que entendieran, recordaran y supieran diferenciar el montón de conceptos y teorías que se vieron en clase. Me sentí un poco ese villano que estaba haciéndoles la vida aún más difícil, pero ahí entendí que muchas de las veces que sufrí tanto por aprobar exámenes con la mejor calificación, fui yo mismo quien no supo entender el porqué detrás de su existencia. Al final, armé los exámenes con reactivos de varios tipos, coloqué algunas ejercicios prácticos y preguntas abiertas para que no todo fuera una decisión del azar. Incluso los puse a dibujar a pikachu para darles un punto extra. ¡Todo un drama!
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